Digitalizando el Rastro Físico

Recientemente escribía sobre el rastro digital, esa marca que dejamos a nuestro paso cuando accedemos a los distintos servicios que ofrece internet, sin embargo, gran parte de nuestras actividades ajenas al mundo en línea, diariamente están siendo recabadas en diferentes bases de datos, en lo que podemos considerar como la digitalización del rastro físico.

Es común que los establecimientos comerciales a los que vamos a adquirir bienes y servicios guarden un registro o base de datos digital de sus clientes, ¿que compran? ¿Con qué frecuencia? o que nuestro médico tenga almacenada nuestra historia clínica, incluso los centros de mantenimiento a los que llevamos nuestro vehículo, conservan generalmente una lista detallada de las reparaciones que se le realizan en cada visita.

Con acceso a las bases de datos arriba mencionadas, fácilmente se podría hacer un marco descriptivo del individuo, aproximar sus ingresos, en que los gasta, cual es su estado de salud y hasta determinar su calidad de conducción, solo por imaginarnos un ejemplo sencillo de lo que se podría obtener con estos datos.

Son muchas las bases de datos que día a día ingresan información sobre nosotros, y a pesar de saberlo, lo aceptamos como parte de nuestra existencia en un mundo cada vez más digitalizado, confiamos unas veces con base en las disposiciones legales, otras veces por la conducta profesional de los responsables en recabar la información, que nuestros datos están seguros, y que su uso, tal y como lo establece la normatividad europea sobre la materia, estará restringido exclusivamente para los fines para los que fueron recolectados.

Sin embargo, en el actual entorno de la sociedad de la información, a diario aparecen servicios que nos cuestionan hasta que punto aceptaremos que nuestra información ingrese a bases de datos, donde al final son personas las que la procesan y conocen aspectos privados que muchas veces preferiríamos se mantuviesen en nuestra órbita personal.

Dos servicios llaman mi atención principalmente, el primero analizado por el Washington Post, lo prestan las compañías Ingenix y Millimanm y consiste en proporcionar a las aseguradoras, información detallada de las medicinas adquiridas por las personas que deseen contratar un seguro médico, gracias a estos datos, las compañías de seguros analizan si las declaraciones entregadas sobre su estado de salud son verdaderas, esta información es extractada de las bases de datos de los pharmacy benefit managers (PBMs), terceros intermediarios en la adquisición de productos farmacéuticos de los programas de salud, y quienes gestionan un gran porcentaje de las prescripciones médicas en Estados Unidos.

No obstante, resalta el diario que no siempre esta información es precisa, considerando que en ocasiones una misma droga sirve para tratar otras enfermedades distintas a las que constituyen su foco principal, por lo que los usuarios deberán en estos casos realizar la reclamación correspondiente.

La información proporcionada cuenta con el consentimiento previo y expreso del usuario, sin embargo este consentimiento es determinante para estudiar la posibilidad asegurar al interesado, lo que con los costos de los servicios de salud, no deja de ser un riesgo que mucha gente no está dispuesta a correr.

Todo lo anterior representa beneficios para las aseguradoras al ahorrarles costos operativos, que me gustaría pensar redundarían en la disminución de los precios de los seguros para los usuarios, sin embargo no se debe perder de vista que estos datos, que no dejan de ser sensibles, pierdan esa característica de seguridad, ya que entre más personas los manipulen su riesgo de pérdida también es mayor, o simplemente el hecho de permitir que más personas los conozcan, creo que es suficiente con la sonrisa de la asistente del doctor cuando vamos a consulta.

El segundo servicio, este si abierto al público en general y de financiado por publicidad, es Criminal Searches, que como lo describe el New York Times, permite investigar los antecedentes penales de cualquier persona residente en Estados Unidos, es decir, filtro obligado para nuevos vecinos y amigos, especialmente si se tiene algo de paranoia, o hijos adolescentes.

Criminal Searches explica el NYT, basa su servicio en la posibilidad legal que permite a cualquier ciudadano estadounidense, acceder a los antecedentes penales de cualquier persona que reposen en cualquiera de las cortes del país, sin embargo, esta no era ejercitada de forma común por las dificultades prácticas que representaba, pero gracias a este servicio, solo es necesario incluir el nombre completo de la persona y se tiene acceso a esta información, incluso si no se reside en USA.

Es innegable que esta página será una herramienta útil para aquellas personas que valoran la posibilidad de estar alerta sobre individuos de su entorno, que tengan antecedentes por delitos graves, sin embargo, como aclara la página principal del servicio, existen conductas que se incluyen que no necesariamente permiten considerar criminales a las personas registradas en sus bases de datos, como aquellas a las que se le han impuesto infracciones de tránsito, información que en mi concepto es intrascendente e inútil y hasta invade innecesariamente la privacidad personal, excepto para las personas que acostumbren a prestar constantemente su automóvil.

En los dos servicios analizados observamos como las personas pierden el control sobre información que se registra en un entorno físico, pero que termina transportándose a internet, en el primero ante el otorgamiento de un consentimiento cada vez más inseparable de la contratación de un seguro, y el segundo, por la utilización de información de carácter público que una vez sistematizada, hace pensar en la necesidad de restringir los datos que permiten hacerse públicos dados los alcances que estos pueden llegar a tener, y que pueden reportar mayores perjuicios que beneficios, estos dos ejemplos, sirven igualmente para que analicemos que tan probable sería su aplicación en nuestras respectivas legislaciones.

 

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