El empinado camino de la prórroga

Llegó enero de 2009 y como se temía, no existe aún acuerdo entre la comisión nacional de televisión de Colombia y los canales nacionales privados de televisión, Caracol y RCN, para definir los términos de la prórroga de los contratos de concesión, que permiten la operación de estos canales en el país, siendo el tema económico el principal escollo que deben superar las partes.

Que a escasos cinco días de vencer el plazo para la prórroga, esta no se haya definido, no deja ver sino una pésima planificación por parte de la CNTV, que parece haber dejado sus deberes para última hora, en un tema tan importante para el sector audiovisual en Colombia, como es el funcionamiento de los canales privados.

Pensar que los canales acatarían el pago determinado por las bancas de inversión, que correspondía a 82 millones de dólares fijos más la variable del 7,58 de sus ingresos anuales durante la vigencia de la licencia, que de acuerdo con el diario el tiempo, sumaría una cifra aproximada de 344 mil millones de pesos (154 millones de dólares), sin siquiera estudiar juiciosamente los fundamentos del mismo, es ingenuo y más acorde con un régimen dictatorial que desconoce la libertad de empresa y cuyas decisiones buscan ser impositivas e incontrovertibles.

El solo hecho de contratar unos estudios económicos que se basan exclusivamente en cifras y no en la realidad del sector audiovisual en Colombia, parecen tener como único fin evaluar cuanto se puede obtener de los canales sin llevarlos a la quiebra, pero dejándolos ciertamente disminuidos, situación que denota un enfoque ajeno a buscar el bienestar de la industria, más en un momento en el que propender por la implementación de mecanismos que garanticen la reinversión en este sector, debe ser una prioridad.

La llegada de la televisión digital va a demandar grandes inyecciones económicas, si es que el país se establece metas ambiciosas en su implementación, y esas inversiones tendrán que ser efectuadas por los canales dentro del periodo de esta prórroga, la compra de equipos para la transformación de la red, es uno de ellos pero no el único, teniendo en cuenta, que al parecer, cada canal será beneficiado con un múltiple digital completo, es decir, alrededor de cuatro canales digitales para cada uno, que deberán entrar en funcionamiento paulatinamente a lo largo de un periodo de alrededor de 10 años, por lo que será necesario destinar recursos para la producción y adquisición de un mayor número de contenidos para transmitir en estos canales, entre ellos, programación en alta definición que tiene por supuesto un mayor costo de realización.

Por otra parte, la industria nacional se encuentra atravesando un gran momento internacionalmente, gracias a la comercialización de sus producciones en el exterior. Sin embargo, productos de buena calidad requieren de importantes inversiones para su realización, el limitar los ingresos de los canales, afecta directamente su capacidad de inversión en producción, y no solo a ellos, sino también a las productoras independientes que les venden sus programas, y cuya buena parte de sus ingresos dependen de la televisión privada.

El crear cargas exageradas a un sector como el audiovisual, conlleva repercusiones inmediatas en la economía nacional, ya que evita el crecimiento de la industria, con la consecuente disminución o congelación en la creación de empleos e inversión en general. Que los canales privados ganen dinero con su actividad no debe verse como algo malo, finalmente son los que arriesgan dinero en una actividad que cada día ve como aumentan los competidores directos e indirectos.

Dentro de estos competidores y por el momento el más presente, es el de la televisión por suscripción, al que no han querido darle la dimensión que se merece. De acuerdo con datos de la propia comisión, la penetración de la televisión cerrada para el tercer trimestre de 2007 era de un 75,8, consolidando una importante presencia en el mercado televisivo, esta presencia afecta los ingresos de los canales, si consideramos que compite de manera activa por la pauta, al atraer la inversión de los anunciantes hacia sus señales, y de forma pasiva, cuando a pesar de no llevar anuncios de empresas colombianas, capta televidentes nacionales, como lo haría cualquier otro canal de la señal abierta.

Finalmente llegamos al tema del tercer canal, que con el ánimo de evitar imprecisiones conceptuales, debe ser llamado con nombres y apellidos; “tercer canal nacional privado”, porque el mercado televisivo colombiano ya superó los tres canales hace un buen tiempo. De un recuento rápido, podemos destacar que a nivel nacional se encuentran el canal 1 y señal Colombia, sin contar con los regionales que operan en buena parte de la geografía patria o de City tv en Bogotá por mencionar algunos, opciones que sin duda buscan atraer la mayor cantidad posible de televidentes.

Pues bien, con respecto a la llegada de un nuevo operador privado al mercado nacional, ha llamado principalmente la atención la falta de claridad con respecto al precio que se le cobraría al mismo por su concesión, teniendo en cuenta, que es un factor de una importancia mayúscula, a la hora de evaluar el equilibrio contractual de los contratos de concesión que se buscan prorrogar a los actuales operadores, nada más lógico para cualquier empresario cuyo negocio depende de una concesión administrativa, que conocer de antemano las condiciones fijadas a sus competidores. Esto no es solo bueno para el empresario, sino para el Estado, que evitara perder tiempo y recursos ante eventuales acciones legales que busquen reparaciones económicas.

Quedan pocos días para lograr llevar a buen puerto la prórroga de las licencias, y no deja de ser molesto que teniendo 10 años para planificar este proceso, se presenten en estos momentos inconvenientes, que ponen en riesgo la continuidad de la prestación de un servicio, que como el de la televisión, es considerado como público de acuerdo con el artículo 1 de la ley 182 de 1995, dada la importancia que tiene dentro de la población de un país, esperemos que dentro de toda esta cadena de inconvenientes, se logren establecer condiciones que beneficien a los televidentes en general.

 

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